Beneficios del gateo

gateoLa segunda meta evolutiva de los niños entre los 7 y los 24 meses de edad es relacionarse con el entorno a través de la deambulación afianzando el gateo y alrededor del año comenzando a andar.[1] Pero ¿qué pasa con los pequeños que no gatean o se tardan en hacerlo? ¿Todos deberíamos de pasar por el gateo como proceso madurativo? ¿Qué influencia a nivel neurológico y de desarrollo psicomotor tiene el gateo, qué diferencia marca? ¿Hay un tiempo suficiente de gateo o existe un patrón correcto?

Partiendo de que la meta evolutiva es la relación con el entorno entonces podemos centrarnos a analizar el movimiento. El movimiento es un concepto amplio, que para su estudio se divide en dos tipos de movimiento; el adaptativo y el exploratorio. Entender al movimiento como un proceso madurativo, nos permitirá analizar el gateo no solo en función de su perfección a nivel motriz, también en función de lo que explorar el espacio le provee al bebé en experiencias de aprendizaje y autonomía.

En el ser humano existen muchas variaciones del gateo, algunas más perfeccionadas que otras, pero todas tienen en común el movimiento, que permiten entre otras cosas la maduración del control vestibular. Las variantes del gateo sirven como funciones generales que aumentan la fuerza y coordinación en las partes del cuerpo que el niño usa.  El gateo; desarrolla la visión, el tacto, el equilibrio, la propiocepción, la motricidad gruesa al desplazar el cuerpo y la motricidad fina, la orientación y discriminación espacial de fuentes acústicas y la futura capacidad de escritura en un solo ejercicio. El gateo integra los diferentes subsistemas del movimiento que componen otros muchos más complejos como andar, correr, etc.

Aunque no hay evidencia científica contundente que permita asegurar que el niño que no gatea tendrá “problemas “o “retraso” en su desarrollo psicomotor y neurocognitivo, si hay evidencia de que si el gateo se desarrolla correctamente se favorecen las conexiones futuras de todo tipo entre los dos hemisferios cerebrales. Y de estas conexiones depende el correcto desarrollo de funciones cognitivas(aprendizaje) y de movimiento más complejas.[2]

De acuerdo con el Dr. Carlos Gardeta Oliveros, podemos listar en 8 los grandes beneficios del gateo:

  • El gatear conecta los dos hemisferios cerebrales, creando rutas que favorecen el intercambio de información entre ambos hemisferios, estas rutas son cruciales para la maduración de funciones cognitivas.
  • Desarrollo del patrón cruzado, coordinación entre extremidades opuestas, su logro permite posicionar de forma correcta las vértebras, así como evitar posiciones extrañas, tonificando adecuadamente los músculos, permitiendo que el niño en un futuro pueda permanecer de pie solo.
  • Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno.
  • Permite el enfoque de los ojos, desarrollando la convergencia visual.
  • Permite el desarrollo de la oposición cortical, el desarrollo de esta función en las manos es la que permite servirse de ellas y asir los objetos. Y esa manualidad fina es esencial para luego poder escribir.
  • El gateo además ayudará al proceso futuro de la lateralización.
  • Se facilita el aprendizaje de la lectoescritura, ya que mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano.

De acuerdo con Glenn Doman, cuando no hay oportunidad de desarrollar la movilidad y se evita que los pequeños se arrastren y gateen, los efectos se hacen evidentes en otras áreas, como el caso de la visión. Además, es importante señalar que, a menor estimulación, las habilidades motoras se tardan en aparecer, de ahí lo preocupante que los niños pasen cada vez menos tiempo en el suelo.

Se han observado algunos problemas comunes[3] en niños que no gatearon tales como:

  • problemas para seguir con los ojos una línea
  • problemas para expresar los pensamientos e ideas
  • escritura ilegible
  • problemas de coordinación ojo-mano, fundamental para escribir y coger pelotas
  • miedo
  • problemas de concentración, problemas de aprendizaje
  • problemas de coordinación de movimientos, andar homolateral

El periodo crítico o sensible es el momento adecuado para desarrollar una habilidad, pues tanto la estructura física como la psicología está apta para ello. El periodo sensible para el gateo es de 6 a 9 meses, una vez que el bebé haya aprendido a rodarse y a sentarse sin ayuda. Por lo que el fomento a la autonomía del movimiento en esta etapa de desarrollo marcará la diferencia en el desarrollo de nuestros niños.

En resumen, el movimiento tiene una importancia esencial en el desarrollo funcional de los niños, pues permitirá la organización cerebral infantil.

Bibliografía

B., O.-K., & David, O.-S. (2015). Gateo. Revisión de la literatura médica. Revista Mexicana de Pediatría, 144-148.

Jové, R. (2009). La crianza feliz. Madrid: La esfera de los libros.

López, S. (2017). La importancia del gateo. Psicoactua.

 

[1]Cfr. (Jové, 2009)

[2] Cfr. (López, 2017)

 

[3] Cfr. (López, 2017)

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