El perdón y la maternidad.

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El perdón aun es un tema nuevo para la psicología, su estudio inicia en la década de los 90 pero el que tenga poco tiempo de trabajo, no implica que haya poco material escrito, los descubrimientos han sido muchos y bien vale la pena conocerlos y aplicarlos en nuestra vida.

Robert Enright[1], psicólogo, creó el Instituto Internacional del Perdón en 1994 en EU con el fin de aplicar años de investigación en la práctica del perdón.  Enright descubrió a través de la aplicación de su terapia del perdón que Perdonar a otro por una profunda injusticia lleva su tiempo, y sin embargo, los instrumentos de cura a menudo insisten en la terapia «breve», la cual no da suficiente tiempo al cliente para recorrer el itinerario doloroso y terapéutico del perdón, por lo que no basta con reducir de manera significativa la ansiedad o la angustia sino que hay que tratar de erradicar esos síntomas”

Para ayudar a perdonar Enright y su colega el  doctor Fitzgibbons crearon una serie de pasos para hacer más sencillo este proceso: en primer lugar, las personas deben reconocer que han sido tratadas injustamente, reconocer humildemente que esto les ha provocado diferentes estados emocionales y que están verdaderamente enfadadas.

A continuación, si desean empezar la terapia del perdón, deben explorar lo que es perdón y lo que no es perdón. Por ejemplo, cuando las personas perdonan, no están condonando, excusando u olvidando lo que han hecho contra ellas. Pueden reconciliarse o no reconciliarse.

Luego recomiendan que la gente se implique en lo que el doctor Fitzgibbons llama «perdón cognitivo». Son pensamientos de perdón y declaraciones dirigidas a la persona que ha sido injusta. En ese estado, la persona no necesita abordar al ofensor sino realizar este perdón cognitivo en su interior.

Parte del perdón cognitivo es pensar en la persona como un todo, sin definirla sólo por sus actos.

Al perdón cognitivo sigue el perdón emocional, la apertura de uno mismo a la compasión y al amor hacia esa persona que te ha tratado mal. Esto es difícil y puede llevar su tiempo. Algunas personas en la terapia no están preparadas para este paso y merecen comprensión.

Más allá del perdón emocional, está la difícil tarea de «soportar el dolor» de lo que ha sucedido. Quien perdona no puede hacer que el reloj vuelva atrás y deshacer el daño, pero puede tomar la valiente decisión de aceptar el dolor y ser un instrumento de bien para el ofensor.

Pero ¿qué pasa cuando a quien tenemos que perdonar es a nosotras mismas?, en el caso de las mujeres las exigencias culturales son muchas debemos ser exitosas, bonitas, inteligentes, tener la casa limpia, saber cocinar, no quejarnos, tener pareja y cuidar de un hogar, y cuando además sumamos el objetivo de ser madres, la imagen parece a veces inalcanzable.

Cuando nos volvemos mamás, biológicamente y emocionalmente nuestro único deseo es cuidar de nuestro bebé y deshacernos del resto de tareas, que solo en ese momento – en el puerperio- aparecen como innecesarias, pero la presión social parecería orillarnos a elegir entre trabajo y bebé o un cuerpo perfecto, ahí viene la renuncia, ¿a qué renunciaremos? ¿qué sacamos de nuestro equipaje?

Por suerte, la maternidad es un fenómeno que nos ofrece una transformación tan particular que nos puede ayudar a liberarnos de lo que no debemos cargar, trabajos incompatibles con nuestros objetivos, relaciones destructivas, una mala alimentación, situaciones de estrés. La maternidad es la oportunidad de perdonarnos, de reflexionar y cruzar cualquier actitud injusta que hayamos tenido con nosotras mismas y avanzar hacia una crianza más respetuosa no solo con el bebé, sino con nosotras mismas. Por eso:

  1. Reconozcamos en que hemos sido injustas: exigirnos demasiado cuando acabábamos de parir, no pedir ayuda cuando la necesitábamos, no decir basta ante algo que nos afectaba.
  2. Responde a tus necesidades naturales: comer, dormir, cargar a tu bebé todo lo que puedas, sexo, una buena charla con otras mujeres.
  3. Busca otras fórmulas laborales que te permitan conciliar. (Una amiga de mi abuela decía que la casa envilece y envejece, y esto no quiere decir que ser ama de casa sea malo, a mi me parece la mejor inversión, pero la realidad es que necesitamos alimentar también nuestra mente y espíritu)
  4. Exprésate, di lo que quieres y necesitas, trabaja por ello.
  5. Prioriza, nuestros niños no necesitan padres perfectos, solo empáticos. Aprendamos a vivir con migajitas en el piso, no pasa nada si no barremos a diario.

Así que para criar a un bebé debemos de ser empáticas, y presentarnos con él, continuar conociéndolos ahora fuera de la panza, respetarlos como personas y reconocernos además también a nosotras como personas con necesidades igual de importantes que las de nuestros chiquitos.

Cuando perdonamos y nos perdonamos podemos enfrentarnos a la vida sin prejuicios sobre  las personas, es por eso que decimos que el perdón es el acto de amor más importante.

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[1] Es coautor de «Helping Clients Forgive: An Empirical Guide for Resolving Anger and Restoring Hope» (Ayudar a los clientes a perdonar: Guía empírica para Resolver el Odio y Restaurar la Esperanza”), publicado por American Psychological Association Books, 2000.

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