¿Será que antes era más fácil ser feliz?

32611325

 

Hace poco mi papá se encontró con un compañero de la primaria, cuando lo vio a lo lejos me dijo, mira mi compañerito de banca, este encuentro dio lugar a un abrazo sincero, en el que vi como mi papá y su amigo ambos ya con 60 años volvían a tener 10. Comenzaron a platicar y llenaron la tarde de historias sobre cómo salían en bici por la mañana y regresaban hasta tarde y nadie sufría por que hubieran desaparecido. El tiempo duraba más, los juguetes sencillos y las bicicletas eran todo y no había necesidad de recurrir a la televisión o electrónicos para entretenerse.
Me dijeron que ellos eran latosos que no me dirían que leían libros como sus hermanas, si se aburrían trepaban árboles o hacían travesuras. Juntos llegaron a la conclusión de que antes era más fácil ser feliz. Esta reflexión motivo esta publicación, y quiero compartirla.
Esta platica me recordó que hace ya unos años leí un libro de Mónica Lavín titulado “Pasarse de la raya”, un libro lleno de cuentitos sobre transgresión, sobre momentos de cambio, sobre cosas que llegan adelantadas, en el primer cuento narra una historia sobre cómo se divertía ella y sus primos en la alberca de la familia en Morelos, y cómo cuando uno es niño no había horarios, ni un montón de normas sociales, pero conforme se acerca la adolescencia, nos empiezan a gustar la niñas o los niños, “nos presentan en sociedad”, crecen los pechos, nos sentimos grandes antes de tiempo, etc., y cómo poéticamente ella narra: comenzamos a reírnos poco y jugar menos, pues la noche se va confundiendo con el día.

Tanto la historia de mi papá cómo el cuento de Mónica Lavín me hacen pensar que hoy hay muchos intrusos en la niñez, intrusos que antes llegaban más tarde, o que no existían y que hacen que cueste más trabajo ser feliz. Me sorprende escuchar historias de niños que se suicidan a los 12 o que a los 9 comienzan a consumir drogas, no puedo entender que pasa por la mente de un niño para ya no tener esperanza.
Por lo que quiero traer a colación un concepto que a lo largo de mi carrera aparecía en todas las materias; la tolerancia a la frustración, quizá ahí este mucho del meollo de lo que hoy vemos, saber esperar, saber luchar por lo que queremos y no darnos por vencidos, saber que a veces las cosas no salen como nosotros esperamos y eso no significa que este mal o no nos quieran, saber que hay veces que nuestras ideas no son aceptadas pero la respuesta no puede ser violenta pero si abierta de nuevo al diálogo y a discusiones sanas, en fin, una cultura más de esperanza, que de desesperanza nos ayudaría a ser más felices.
Cómo mamá veo cosas que me preocupan, por ejemplo, como lo niños al están en contacto con la tabletas o video juegos en los que solo al presionar un botón obtienen un resultado y cuando no hay internet o no sucede lo mismo en la vida real se desesperan, cómo evitamos constantemente que se aburran eliminando momentos “de no hacer nada” para que inventen y creen. Cómo ya no hay tareas en casa y todo suele estar solucionado, ya no hay por qué trabajar pues todo lo obtienen muy sencillo. Comodidad de los papás, falta de tiempo, nuevos esquemas de trabajo que dificultan que los papás tengamos tiempo con nuestros pequeños, los factores son muchos pero también las pequeñas acciones que podemos hacer en casa.
El tema de la tolerancia a la frustración va de la mano con el de la felicidad, ¿Qué tan felices somos? La felicidad es motivo de discusión, muchas personas piensan que ser feliz resulta utópico, pues no existe la felicidad completa, porque siempre habrá algún motivo que nos cause daño o dolor y que para ser completamente felices tendríamos que satisfacer, inicialmente nuestras necesidades básicas, y a partir de allí, la lista de deseos que sería interminable, y además imposible de complacer, en consecuencia, siempre habría una razón para sentirnos insatisfechos por lo tanto infelices. Sin embargo, otras posturas sobre la felicidad plantean que encontrarla no es como una carrera de obstáculos, porque cuando logramos algo que pensamos nos dará la felicidad, entonces otro deseo llega a nuestra mente, así nunca alcanzaríamos la felicidad completa, por lo que el planteamiento que me gusta para la educación familiar es mostrar que a felicidad esta en cada detalle, en cada logro alcanzado, en la compañía de quienes amamos, en un abrazo sincero, e incluso en cada dificultad que la vida nos presenta, vista así; la felicidad no es una constante, sino la suma de pequeños momentos felices.
Como adultos algunas estrategias para la vida diaria pueden ser:
• Agradecer a la vida por lo que tenemos, de acuerdo con nuestras convicciones y creencias, si ponemos atención veremos que hay mucho más de lo que creemos.
• Permitámonos gozar de cada instante de la vida, las cosas sencillas suelen darnos mayores satisfacciones si les prestamos atención: una sonrisa o un abrazo, la superación de algún problema etc., estos son motivos de felicidad.
• Al establecer metas en nuestro proyecto de vida no condicionemos nuestra felicidad a la obtención de las mismas, gocemos del camino que hay que recorrer para llegar hasta donde queremos, disfrutemos de cada pequeño triunfo y aprendamos de cada fracaso o dificultad.
Y si como padres tomamos en cuenta estos aspectos y los trasmitimos a nuestros hijos estaremos construyendo una mejor base para ellos, cómo mamá me gusta entusiasmarme ante la vida, ante las tareas o el tiempo libre para contagiar a mi hijo de esa actitud y creo verdaderamente en que las dosis de cariño diario nos ayudan a enfrentar el mundo con alegría, también promuevo el aburrimiento, lo considero un momento de creación en el que los niños, y también los adultos podemos inventar cualquier cosa, finalmente pido serenidad ante los accidentes de la vida; si algo salió cómo no deseábamos, evaluar si podemos hacerlo mejor en otra ocasión o reconocer que hay cosas que pueden salirse de las manos.

La vida enseña más que muchos libros, y las experiencias que tenemos como padres y las que brindamos a nuestros hijos son en realidad el primer salón de clases para ellos, así en este salón aprendí que no existe más felicidad que la que nos procuramos nosotros mismos.

Les dejo aquí la liga del cuento.

 

Te invitamos a unirte a nuestro grupo de crianza.

Diapositiva2

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s