Museos y niños.

 

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Han observado a un niño viendo una pintura, hace algunos meses visitamos el Museo Nacional de Arte, mi esposo, mi hijo y yo. En una de las salas estaba exhibida una pintura enorme, que solo era limitada de ancho por el piso y el techo y de largo por las dos paredes de la sala. Me maraville al ver la expresión de mi hijo de dos años observando los pincelazos que daban vida a un paisaje de una pradera con una pequeña casa al fondo, un árbol, un cielo inmenso y mucha luz de sol. Ese día entendí esa frase común “no importa si lo que está plasmado es bonito o feo, sino lo que te hace sentir”.

Desde que Santiago es pequeño tratamos de llevarlo a museos, al campo o la playa, a visitar lugares nuevos, alimentando ese espíritu de asombro que vemos crece con cada “wow” o “mamá ve”. Los museos son muy especiales para nosotros, pues consideramos que el arte para los niños es más solo formas y figuras, funciona como un escaparate que ayuda a entender emociones y a darle vuelo a la imaginación, el arte para los niños es un espacio conocido, en el que si los acercamos de la manera correcta, sin juicios estéticos, se convierte en una forma más de comunicación, de comunicarnos a nosotros mismos, y dejar comunicarse a los artistas, que al igual que nuestros niños lo hacen a través de sus dibujos (que orgullosamente pegamos en el refrigerador).

A través del arte podemos acompañar a nuestros hijos a conocer el mundo, escenarios lejanos o cercanos, sentarnos frente a una pintura para observarla y llenarnos de la luz del sol como lo hizo Santiago o discutir sobre las feroces fauces de un lobo que estaba retratado en otra pintura. Podemos explorar las pesadillas de algunos artistas que quizá son las mismas que las de nuestros niños e idear formas de mandarlas lejos o de acercar sueños como volar.

Me gusta también recordarle a Santiago que no solo hay en los museos, lo encontramos en las iglesias, en los edificios, en los teatros o los parques, (quizá por ser hija de arquitecta y que desde pequeña me sabia los términos para describir algunos estilos arquitectónicos). Cómo papás la tarea primordial es darnos tiempo para que conocer un lugar nuevo u observar una obra de arte no se trate solo de ver sino de contemplar, de mirar con el cerebro y el corazón.

Te propongo un ejercicio, busca un pedacito de pasto y tírate al piso con tus hijos, elijan una nube y cada quien diga que forma ve. Lo que ve uno y otro quizás no sea lo mismo, dependerá de la edad, las experiencias, intereses, incluso de nuestro estado de ánimo. Lo mismo sucede con el arte, no existe lo correcto o incorrecto, solo se puede decir que el buen arte nos hace pensar.

Te propongo aquí algunas preguntas para acompañar las visitas a los museos:

  1. ¿Qué ves?
  2. ¿Qué más ves?
  3. ¿Cómo te hace sentir? ¿por qué?
  4. ¿Qué crees que sentía el artista cuando lo estaba haciendo?
  5. ¿Qué crees que le esté pasando al personaje? ¿La obra narra una historia?
  6. ¿Cuál es la característica de los colores?
  7. ¿Te gusta? ¿Si o no? ¿Por qué?
  8. ¿Lo pondrías en tu habitación?

Tip: No intentes visitar todo el museo en un solo día, hay museos que requieren varios paseos, tiempo.

Cómo verás me gusta acercar poco a poco a mi hijo a las pinturas, a la música, a la lectura y tengo algunas actividades que han tenido mucho éxito con él y con los niños que visitan nuestra sala de juegos y me gustaría compartirte algunas, aquí puedes dejarme tu mail para recibir junto con nuestro boletín algunas actividades y recomendaciones de lugares para visitar.

 

 

 

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