Mi día de la mujer.

¿El camino para lograr la igualdad es imitando a lo masculino? ¿Consiste en ser más que los hombres o no necesitarlos?

 

Nos hemos llenado de “días de”, en esta semana festejamos el día del hermano, el día de la familia y ahora el día de la mujer, en sus orígenes el día de la mujer tiene mucho sentido, sin embargo, hemos dejado se convierta en un día más para que las marcas te regalen rosas al salir del súper, es otro día más que cada quien ocupa para lo que quiere, para quejarse, para festejar, para vestirse de algún color en especial. Pienso que entre tantos “días de”, los días de que si tienen sentido, comienzan a disolverse.

El día de la mujer  es una fecha que se celebra en muchos países del mundo, y de acuerdo con la ONU tiene la intención de que las mujeres sin importar su origen se unan para contemplar los más de 100 años de lucha en pro de la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, y para reflexionar por lo que falta por hacer.

Hoy quiero ocupar el día para hablar de nuestra realidad, esa que no es cuestión de géneros, razas o edades, no quiero que leas otro texto feminista, ni que me etiquetes como tal, si me he de poner una etiqueta me pondría la de personalista.  Hoy quiero hablar de una realidad en la que hay niños, hay mujeres, hay hombres, a los que aún en el mundo de hoy, las circunstancias y las ideologías no los reconocen cómo personas, afectando su calidad de vida y posibilidades.

Pienso que lo que se tiene que decir realmente el día de la mujer no son argumentos feministas, que promueven todo menos a la mujer, sino hablar de una verdadera promoción de la mujer, de la femineidad, trabajo que empieza por reconocer nuestras diferencias.

La tarea de la promoción de la mujer es gigante si pensamos que de lo que se ha excluido a lo largo de la historia a la mujer no es de lo masculino en realidad, sino de lo humano, y que entre tantas luchas y argumentos, se nos ha impuesto como mujeres algunas de estas dos ideas, o a prescindir de lo masculino o a reducir a la mujer a lo masculino. Entonces separamos cada vez más las cosas creando un mundo (servicios, productos) “solo para ellas”. Algunos verán esta realidad como un avance, pero yo ni siquiera hablaría de ella cómo retroceso, pienso más bien que se trata de un estancamiento en el que damos “patadas de ahogado” para poder salir. Basta observar las noticias o analizar las estadísticas para darnos cuenta de que seguimos en las mismas. Por lo que quizás el primer paso es reconocer verdaderamente las diferencias sexuales entre hombre y mujer que más que competir o dejarnos en desventaja, nos complementan.

Quizá es preciso comenzar por quitarle etiquetas a la mujer de tradicional o “de mundo”, de quitarnos las etiquetas y si acaso hablar de una mujer más humana, que busca alcanzar sus posibilidades reales, de una mujer más mujer, más femenina.

Si hablamos de circunstancias positivas, puedo enlistar que las mujeres tenemos ahora situaciones más justas, que socialmente se reconoce la existencia de personas femeninas y no de personas en general, que la mujer ha recobrado la capacidad de elegir. El gran logro es haber recobrado su condición de persona, pero hay otros temas a resolverse; la conciliación laboral y familiar, la relación con el matrimonio o el embarazo, el aislamiento social, y aquí el trabajo se vuelve más personal, se nos pide diferenciar lo que realmente queremos cómo mujeres, sobre lo que se nos impone.

El día de la mujer debería de ser un día no solo para buscar el reconocimiento de la persona femenina, sino para que cada mujer se reconozca a sí misma como creadora de historias al lado de los hombres.

Hace mucho tiempo, antes de ser mamá y apenas dejando de ser una adolescente, leí uno de los libros de mi autora favorita Ángeles Mastreta, en “Mal de amores” y ahí cuando nace la protagonista de la historia le dedican estas pequeñas líneas, en ese momento pensé que eso era lo que me gustaría que me desearan y que cuando tuviera una hija o un hijo me gustaría desearle. Que si las resumo en una palabra serían: Libertad.

“Niña que duermes bajo la mirada de Dios, te deseo que no la pierdas jamás, que vayas por la vida con la paciencia como tu mejor aliada, que conozcas el placer de la generosidad y la paz de los que no esperan nada, que entiendas tus pesares y sepas acompañar los ajenos. Te deseo una mirada limpia, una boca prudente, una nariz comprensiva, unos oídos incapaces de recordar la intriga, unas lágrimas precisas y atemperadas. Te deseo la fe en una vida eterna, y el sosiego que tal fe concede.
Niña, yo te deseo la locura, el valor, los anhelos, la impaciencia. Te deseo la fortuna de los amores y el delirio de la soledad. Te deseo la inteligencia y el ingenio. Te deseo una mirada curiosa, una nariz con memoria, una boca que sonría y maldiga con precisión divina, unas piernas que no envejezcan, un llanto que te devuelva la entereza. Te deseo el sentido del tiempo que tienen las estrellas, el temple de las hormigas, la duda de los templos. Te deseo la fe en los augurios, en la voz de los muertos, en la boca de los aventureros, en la paz de los hombres que olvidan su destino, en la fuerza de tus recuerdos y en el futuro como la promesa, donde cabe todo lo que aún no te sucede.”

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Foto: Estampa Gráfica.

Pienso entonces en un mundo en el que hombres y mujeres, seamos capaces de buscar y probar esa libertad de ser nosotros mismos, ese es el mundo que quiero mostrarle a mi hijo.

 

Te invito a leer otros artículos sobre el día internacional de la mujer.
http://www.linkytools.com/thumbnail_linky_include.aspx?id=267402

 

Cfr. Pérdiz, O., Amar: misterio y proyecto. Antropología y Teología del amor, San Pablo, México, 2015.

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