De abuelas y mamás.

Me toco ser mamá en un lugar lejos de mi mamá y de mi abuela, lejos de las únicas dos personas que podían enseñar a cambiar pañales, limpiar mocos y dar ricos besos en los cachetes colorados de mi bebé. Entre llamadas telefónicas y visitas, fui heredando la sabiduría de otras tantas generaciones atrás; que si el aceite de olivo con clavo calientito untado en la panza para curar cólicos, que si rezarle a San Gerardito y no soltar el rosario, un rebozo para cargar al muchacho, el papá cerquita hace más fáciles las cosas, que si chocolate derretido para curar los moretones, apio para desinflamar encías….
Pero cuando mi bebé decidió de un día para otro, que era momento de gatear y se pegó en la cabeza y yo casi muro del susto, me dieron ganas de estar cerca de mi mamá para que después de atender a Santi ella me abrazara a mí, pero el teléfono ayudó a acercarme a las otras mamás que necesitaba cuando me decían – a la mayoría de mamás les pasa, y si tu bebé es intrépido no será la única vez, ponle…- , y así es como entre cada cambio y descubrimiento de mi bebé voy jalando de lo que hay detrás de mí para convertirme en mejor mamá para Santi.
Tener mujeres detrás tías, hermanas, abuelas, mamás, amigas, crea una maravillosa red de apoyo en la que una nueva mamá debería de refugiarse, para escuchar consejos, contar historias, reírse y secar lágrimas, además de heredar ropita, cunas, rebozos, canciones y juguetes.
Hoy veo como se inventan cantidad de accesorios para acompañar a nuestros bebés – y que funcionan parece que sin nuestra ayuda-, por ejemplo, a mi esposo y a mí nos sigue impactando la nueva carriola que se mece sola y tiene hasta bocinas para conectarle el ipod y el bebé escuche musiquita, ¡sin necesidad de cantarle!, la verdad me asusta pensar que hemos llegado como sociedad a esa desconexión con nuestras crías y con nuestros antepasados y la forma en la que nos ayudaron a crecer. Ninguno de nosotros necesito para sobrevivir una carriola de este tipo, ni flotadores para la hora del baño de un bebé, nos bastaba estar cerquita del pecho de nuestra mamá.
Y si, quizá esa necesidad de estar a la moda no nos permite voltear hacia atrás y ver cómo funcionaban las cosas antes, aunque quizá funcionaban mejor. Pero también pasa que vivimos lejos de nuestras familias de origen o que ninguna de nuestras contemporáneas es mamá y de ahí que cada vez es más necesario formar grupos de mujeres que se acompañen en esto de formar personas, liga de la leche, el ejército del trapo y rebozo, co-madres, crianza natural y otros tantos grupos están llenos de mujeres que ya se dieron cuenta que es mejor acompañas.
Aprender a usar el fular, el rebozo o el mei-tai es tan solo un pretexto para reunirnos entre mamás y papás que quieran criar en brazos, criar cerquita.

 

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