Contando bendiciones

Despiertas a media noche, el sueño ha desaparecido, buscas la hora en el reloj más cercano y descubres que falta aún mucho tiempo para levantarte de la cama, te acomodas y te dispones a retomar tu descanso, pero llegan a tu mente todas las tareas del día siguiente, pagos, pendientes familiares, tienes la mente llena y activa por completo, pero quieres obligarte a dormir pues de lo contrario no rendirás en el día que estas por empezar, cambias de posición, respiras y cierras los ojos, pero definitivamente el sueño se ha ido, “contar borregos” parece ser una buena idea pero tu mente por lo visto solo quiere contar problemas. ¿Cuántas noches has pasado así?

Hoy te propongo una estrategia para conciliar el sueño: Contar bendiciones, llénate de las cosas, personas, momentos que han llegado a tu vida, todo esto son bendiciones por las que si vale la pena quedarse despierta y tomarte un tiempo para agradecer por ellas, además, poco a poco te iras quedando dormida mientras sigues pintándote sonrisas en la cara.

Comienza por tu más grande bendición, la de SER MUJER y reconocer tus atributos:

– Fertilidad: que no solo se refiere a la posibilidad de co-crear vida, sino también a la posibilidad de acogerla y protegerla, como madre, consejera, amiga, pareja.

– Servicio: no de casualidad muchas de las profesiones que implican directamente el servicio entendido como donación de uno mismo a los demás eran terreno exclusivo de las mujeres, como el de las enfermeras, maestras, cocineras.

– Intuición: que implica la capacidad de unir piezas y poder predecir eventos o sospechar de algunos estados de ánimo, estando disponible para ayudar y apoyar a los más cercanos.

– Sensibilidad: para reconocer la grandeza de las cosas y poder acercarla a otros.

– Espiritualidad: con reglas o sin reglas das espacio en tu vida a la oración y a la reflexión.

– Complementación: porque a través de la femineidad enriqueces la comprensión del mundo y contribuyes a la plena verdad de las relaciones humanas. (Juan Pablo II, 1995)

– Tu cuerpo: reconocerlo como el instrumento que te permite realizar tus sueños y relacionarte con los demás.

– Tu sexualidad: que no se reduce a la genitalidad pues implica tus sentimientos, pensamientos, emociones, intelecto y tu capacidad de comunicarte.

Ya es un nuevo día, ahora te toca vivir consciente de que eres todo esto, e implica: reconocer tus sentimientos y necesidades, sabiendo que tienen un lugar en tu vida. Observa la forma en la que te relacionas con los demás y conviértela en una verdadera actitud de servicio; participa en cada relación que entables como un igual en el sentido de ser persona, pero aportando las bendiciones que por ser mujer te caracterizan; en resumen, reconoce tu grandeza, contando tus bendiciones.

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